martes, 13 de enero de 2015

Sahara español... Sahara occidental...

El Sáhara Occidental: una Historia de traiciones y olvidos

Tan lejos, tan cerca…
Tal vez, las nuevas generaciones de españoles se pregunten la razón del revuelo que se levanta siempre en torno a la cuestión del Sáhara Occidental en España, tratándose de un árido territorio como es a cientos de kilómetros de nuestro país; un rincón perdido en el desierto del Sáhara, extendiéndose como una cuña de arena a lo largo de la costa atlántica africana entre Marruecos, Argelia y Mauritania, frente a las Islas Canarias, una cuña de arena que acoge a tribus de nómadas que en poco o nada parece que debieran interesar a nuestro país, más allá de un curioso interés historicista o, cuando menos, humanitario.
Sin embargo, el Sáhara Occidental está mucho más cerca de nosotros de lo que la distancia geográfica podría indicar, una cercanía que va mucho más allá de su consideración como una simple colonia distante en el tiempo y en el espacio. Efectivamente, el Sáhara Occidental cuenta con una Historia reciente que lo vincula directamente a España, no como una colonia más, sino como una parte de nuestra Historia más reciente que  muchos recuerdan todavía con añoranza, una añoranza que duele en el corazón de quienes recuerdan su infancia y juventud en aquellas tierras que fueron provincia española y que hubieron de abandonar dejando tras de si tantos recuerdos, tantas sensaciones y, quizás lo más importante, a tantos saharauis abandonados a su suerte a pesar de ser y sentirse españoles.
El Sáhara Occidental es hoy el resultado de una Historia

 de traiciones y olvidos, de hermanos abandonados a su suerte a pesar de que nunca quisieron dejar de ser españoles. El Sáhara Occidental vuelve día tras día a recordarnos que hace no muchos años España se desentendió de una parte de sus hijos, en un acto de traición que se renueva día a día cuando España sigue mirando a otro lado mientras aquellos que antaño fueron nuestros hermanos son víctima de un genocidio humano y cultural silencioso y silenciado por la Comunidad Internacional con la complicidad de una España callada que se tapa los ojos para no ver la intención última del expansionismo marroquí: Ceuta, Melilla y, finalmente, las Islas Canarias.

El Sáhara Occidental constituye la gran vergüenza de una España que calla ante la masacre que día tras día perpetra Marruecos en un atentado contra la Historia y la voluntad de un pueblo que todavía nos recuerda a  

 los españoles como hermanos, atesorando en su corazón un pasado reciente tan cercano para ellos, pero tan lejano para nosotros, casi evanescente, y todo ello a pesar de que el Derecho Internacional continúa reconociendo la soberanía española sobre este territorio, territorio en el que muchos de sus habitantes continúan conservando su DNI español y exhibiéndolo con orgullo a los españoles que los visitan como muestra y señal de hermanamiento y hospitalidad.

El Sáhara Occidental: de colonia a provincia española…
España reclamó el territorio del Sáhara Occidental en 1884, durante la Conferencia de Berlín, una Conferencia en la que las potencias europeas del momento se distribuyeron el continente africano. La reclamación española del territorio se fundaba en razones históricas que se remontaban a principios del siglo XV, cuando la Corona de Castilla conquistó las Islas Canarias, así como una serie de emplazamientos en la costa atlántica de África como plazas para asegurar la protección de las Canarias. Así, en 1476 Diego de Herrera fundaba Santa Cruz (actual Ifni), consolidándose con el paso de los siglos el dominio español sobre el territorio, hasta el punto de que, en carta dirigida a Carlos III en 1767, el Sultán alauita Mohamed Ben Abdal-lah reconocía la autoridad de la Corona Española sobre estos territorios, algo que se confirmaría años más tarde por el Sultán Mulay Suleiman, cuando en 1799 realiza el mismo reconocimiento.
Sin embargo, a pesar de esos reconocimientos, el interés de la Corona Española sobre los territorios del Sáhara Occidental era más práctico y defensivo con respecto a las Islas Canarias que otra cosa, no llegándose nunca a llevar a cabo una ocupación efectiva de aquellas tierras ni su delimitación, por lo que, tras la Conferencia de Berlín de 1884, España tuvo que llegar a firmar diferentes Tratados Bilaterales con Francia (la otra potencia colonial en la zona) para definir las fronteras del Sáhara Occidental que quedaría bajo la dominación colonial española, acuerdos que se llevaron a cabo entre los años 1900 y 1912.
Firmados estos acuerdos de delimitación fronteriza, la ocupación efectiva española de los territorios, como quiera que nunca la hubo con anterioridad, se retrasó hasta 1936, ya que España tuvo que conseguir el acuerdo y la aprobación de las diferentes tribus del lugar para poder llevar a cabo dicha ocupación, tal y como exigía la Conferencia de Berlín. Así, en 1934 España logra que los Notables de las tribus saharauis firmen su sometimiento amistoso a los españoles, lo que permitió que fuese en 1936 cuando se comenzara a producir la ocupación española efectiva de los territorios, pasándose a llamar desde entonces “Sáhara Español”.
España ingresará en Naciones Unidas en 1955, lo cual obligará a nuestro país a iniciar el proceso de descolonización a que obligaban los pincipios de la Organización y que ya siguieron anteriormente otras potencias coloniales europeas en base al principio de la “libre autodeterminación de los pueblos”. Sin embargo, el problema es que en 1949 se descubren en la zona los yacimientos de fosfatos más grandes del Mundo, por lo que una zona sin interés pasa a convertirse en un territorio especialmente codiciado, de modo que España, para evitar el tener que desprenderse de estas posesiones ahora tan preciadas, convertirá al Sáhara Español en la provincia número 53 el 14 de enero de 1958, con lo cual, todos los habitantes del territorio pasaban a ser automáticamente españoles, con todos los reconocimientos que ello conllevaba, nacionalidad que se acreditaba mediante el DNI español que fue otorgado a todos los habitantes de la nueva provincia.
La capital de la nueva provincia se estableció en El Aiún, ciudad que en 1940 ya fue designada como ciudad cabecera de la colonia que era el Sáhara Español, dada su proximidad a la costa y a las Islas Canarias, capitalidad que dio lugar a la construcción de un gran número de infraestructuras y comunicaciones en esta ciudad por parte de España, hasta el punto de que este enclave contó con numerosos servicios que, hasta entonces, eran totalmente desconocidos en muchos lugares de la Península, como fue por ejemplo el caso del agua potable, el teléfono y la luz eléctrica.
Los españoles que vivieron e incluso nacieron en aquella provincia del Sáhara Español, recuerdan todavía con añoranza aquella época, a aquellos españoles de adopción, nativos de la región, que contribuyeron a un rápido crecimiento demográfico y económico de la capital de la nueva provincia española. Unos recuerdos y añoranzas que se transforman en lágrimas al revivir los momentos de la infancia y las vivencias en un territorio que, en muy pocos años, de ser un enclave perdido en el desierto, pasó a ser un pequeño oasis occidental en el que la población se beneficiaba de los servicios públicos que, como ciudadanos, ponía a su disposición el Gobierno central, destacando las campañas educativas, de vacunación y de eliminación de enfermedades endémicas de la zona, así como los programas alimenticios y nutricionales, campañas y proyectos todos ellos que tenían como destinataria principal a la población infantil, una población que gozaba de todos y cada uno de los derechos como ciudadanos españoles que eran, disponiendo a tal efecto de su DNI, su Libro de Familia y su Pasaporte español.
La agonía de Franco, el “Gran Marruecos” y la “Marcha Verde”…
Sin embargo, tras su independencia en 1956, Marruecos reclamó el territorio del Sáhara Occidental, como parte de su proyecto del “Gran Marruecos”, un proyecto que abarcaba también las ciudades de Ceuta y Melilla y, en último término, las Islas Canarias, reclamación a la que se sumó Mauritania ante el temor de un Marruecos con excesivo poder en la zona. Al propio tiempo, en la provincia del Sáhara comenzará a surgir un movimiento independentista saharaui bajo el nombre de “Movimiento de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro” (en referencia a las dos regiones que conformaban el conjunto de la provincia, movimiento que en 1973 desembocaría en el más conocido como “Frente Polisario” (“Frente Popular para la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro”), el cual llevará a cabo a partir de entonces sus primeras acciones armadas contra España.
Todo ello planteó a nuestro país una situación nueva a la que difícilmente podía hacer frente al encontrarse el Régimen de Franco en sus últimos estertores, siendo, además, que el Dictador agonizaba, por lo que la preocupación del Régimen se encontraba en las cuestiones sucesorias como escenario principal, a lo que se unía la creciente presión de la Comunidad Internacional en el seno de la ONU para que España completara el proceso descolonizador en África, algo que se plantea culminar con la convocatoria de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara para el año 1975.
1975 parecía por tanto ser el año clave para la independencia del Sáhara, bajo la bendición de Naciones Unidas y el beneplácito de España, deseosa de quitarse de encima uno de tantos problemas que la agobiaban en esos momentos. Así, el 12 de mayo de 1975, una Comisión de Naciones Unidas se desplazó al Sáhara Occidental para verificar que se daban las condiciones para la celebración de un referéndum de autodeterminación (básicamente la voluntad mayoritaria de la población por la independencia y que el Frente Polisario era la única fuerza política dominante en el territorio), condiciones que se verificaron satisfactoriamente, circunstancia a la que se unió el Dictamen del mismo año del Tribunal Internacional de La Haya en el que se declaraba que no existían lazos de soberanía de Marruecos ni de Mauritania sobre el Sáhara Occidental, todo lo cual daba vía libre a la autodeterminación y ulterior independencia del Sáhara Occidental.
Sin embargo, Marruecos no estaba dispuesto a que las cosas se sucedieran de aquella manera, lo que dio lugar el 6 de noviembre de 1975 a la llamada “Marcha Verde”. Así, en aquella fecha, Marruecos envió a unos 350.000 ciudadanos y 25.000 soldados para invadir el Sáhara Occidental, dando lugar a una política de hechos consumados que aprovechaba la debilidad de España en aquellos momentos, una situación que dejaba expedito el camino a Marruecos para iniciar su proyecto del “Gran Marruecos”. Ante aquella situación, el ejército español minó parte de la frontera con Marruecos, lo que hizo que la “Marcha Verde” se detuviera y se estableciera durante varios días a unos metros de los campos de minas, hasta que los “Acuerdos de Madrid”, unos pactos entre España, Marruecos y Mauritania celebrados el 14 de noviembre de 1975 y por los cuales nuestro país se comprometía a poner fin a su presencia en el Sáhara el 28 de febrero de 1976, unos acuerdos considerados por el Derecho Internacional como ilegales, ya que los saharauis no estaban representados en ellos y no se preveía la realización del referéndum a que España estaba obligada, ilegalidad que, precisamente, hace que España continúe ostentando la soberanía sobre el territorio del Sáhara Occidental a los ojos de la Comunidad Internacional, soberanía de la que hizo dejadez desde aquel mismo momento y que supuso el comienzo de la traición española hacia el Sáhara Occidental. En 2002, Naciones Unidas volverá a confirmar la ilegalidad de aquellos acuerdos, reiterando la soberanía y responsabilidad de España sobre el Sáhara Occidental.
Efectivamente, la muerte del General Franco el 20 de noviembre de 1975 aceleró los acontecimientos en favor de los intereses marroquíes, con un pacto reflejado en los “Acuerdos de Madrid” que se intentó vender a la opinión pública como una especie de “ocupación pacífica” por parte de los “habitantes autóctonos” del lugar. Sin embargo, ese pacto no era más que una huida por parte de España de sus responsabilidades internacionales, con el fin de intentar escapar de una situación que podría llevarle incluso a un enfrentamiento armado con el Marruecos del Rey Hassán II, un monarca que tenía muy claro que esa situación era la que precisamente tenía que aprovechar para apropiarse del territorio del Sáhara Occidental.
El abandono de Mauritania, la ocupación marroquí y el comienzo de la limpieza étnica…
A pesar de todo lo que estaba ocurriendo, Naciones Unidas dicta su Resolución 3458 B por la que da su visto bueno a la celebración de un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental, correspondiendo su convocatoria a España como potencia colonial, lo que ratificaba la ilegalidad internacional de los “Acuerdos de Madrid” y la responsabilidad española para dar salida a la situación creada. Sin embargo, España ya hacía semanas que tenía la intención de abandonar a su suerte a los saharauis y buscaba retirarse lo antes posible de los territorios del Sáhara Occidental, a pesar de los mandatos de la Comunidad Internacional para que nuestro país cumpliera con sus obligaciones, obligaciones que finalmente incumplió España cuando la noche del 26 de febrero de 1976 los últimos soldados españoles abandonaban el Sahara Occidental, noche en la que, al mismo tiempo, se proclamaba la “República Árabe Saharaui Democrática”, una proclamación que se vio frustrada por el pacto entre Marruecos y Mauritania del 14 de abril de 1976 en virtud del cual ambos países se repartían el territorio: los dos tercios más al norte para Marruecos y el tercio restante para Mauritania.
Obviamente Argelia se opondrá a tal pacto, ya que aquél suponía un debilitamiento de su posición estratégica en la zona en favor de su eterno enemigo, Marruecos. Así, Argelia dará respaldo a la lucha del Frente Polisario contra Marruecos y Mauritania, permitiendo el establecimiento de campamentos de la Organización en su territorio, lo que le permitirá permitir continuos ataques contra aquellos países, llegando incluso a atacar la capital mauritana, dando lugar a una guerra de desgaste que propiciará el abandono de Mauritania del tercio que ocupó en base al pacto con Marruecos del 14 de abril de 1976, firmando la paz con el Frente Polisario en 1979, algo que fue aprovechado por Marruecos para ocupar el territorio abandonado por los mauritanos.
A partir de ahí, Marruecos autoproclamará su soberanía sobre todo el territorio del Sáhara Occidental, ante el silencio de España, país que a los ojos del Derecho Internacional continuaba ostentando la soberanía sobre el territorio, comenzando así el Rey Hassán II una estrategia de marroquinización del Sáhara Occidental con una política de limpieza étnica paulatina. Efectivamente, Marruecos, desde la autoproclamación de su soberanía sobre el Sáhara Occidental, iniciará una estrategia de colonización mediante marroquíes de los territorios ocupados, desplazando a la población saharaui autóctona, todo ello con el objetivo de lograr que la población marroquí superara a la saharaui a la hora de celebrar un eventual referéndum.
Dicha estrategia se reveló de forma patente cuando el Frente Polisario y Marruecos llegaron en 1988 a un acuerdo, en el seno de Naciones Unidas y la Organización para la Unidad Africana (“OUA”), para llevar a cabo el tan ansiado referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental, acuerdo que fracasó por la pretensión marroquí de que se utilizara el censo de los habitantes del territorio en aquel momento y no el censo español de 1974 como pretendían los saharauis, algo que, sin duda, beneficiaría a los marroquíes tras años de estrategia de limpieza étnica en el Sáhara Occidental. Esas discrepancias sobre el censo serán el principal obstáculo para la celebración de un referéndum en el territorio, referéndum que se irá aplazando sucesivas veces precisamente por ese escollo, a pesar de que Naciones Unidas establecerá una “Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sahara Occidental” (“MINURSO”) encargada de elaborar ese censo electoral y supervisar la eventual celebración del tantas veces aplazado referéndum.
El enroque de Marruecos y la complicidad de España…
En todo este proceso Marruecos siempre ha sido consciente de que el paso del tiempo jugaría en su favor, desde sus inicios de la mano del Rey Hassán II hasta la actualidad con el reinado de su hijo, Mohamed VI. Y es que Marruecos sabe a la perfección que la política de hechos consumados y de limpieza étnica que lleva a cabo desde hace años le dará resultado finalmente, aunque sea a muy largo plazo, ello debido a la pasividad de la Comunidad Internacional y, especialmente, de España, siendo la posición de esta última de complicidad con el régimen de Rabat, especialmente en los últimos años.
Efectivamente, la posición de la Comunidad Internacional pasó de exigir la celebración de un referéndum a, simplemente, pedir que Marruecos reconociera al Sáhara Occidental como una autonomía como paso previo a la celebración de un hipotético referéndum, lo que se plasmó en los dos planes “Baker” (“Baker I” y “Baker II”) que propusiera James Baker, nombrado en 1997 Mediador de Naciones Unidas en el conflicto, planes que también fracasaron por la falta de acuerdo entre Marruecos y el Frente Polisario, pero que ponían de manifiesto la ventaja que durante los últimos años había ido ganando Marruecos con su política de hechos consumados, una política que supone un enroque de Marruecos en una postura de no retorno apoyada con su silencio por España desde el inicio mismo del conflicto: la antigua UCD miró hacia otro lado en su momento, el PSOE de Felipe González legitimó la actuación de Marruecos (una legitimación especialmente sangrante con la traición de un Felipe González que en 1976 daba discursos en favor de la causa saharaui en los campamentos de refugiados, pero que, al llegar al poder, rompería relaciones con el Frente Polisario abrazando la causa marroquí) y el Gobierno de Zapatero, finalmente, legitima las torturas y asesinatos de Marruecos (incluso de españoles) y reconoce en el propio Congreso de los Diputados la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental por boca de su Ministro de la Presidencia Ramón Jáuregui.
La única excepción en la desastrosa política diplomática de España de todas estas décadas fue la del Gobierno de Aznar, ya que exigió el referéndum y auspició el “Plan Baker”, algo que crispó las relaciones entre España y Marruecos con situaciones tan tensas como la invasión del Islote de Perejil por parte de Marruecos y su posterior recuperación por el Ejército Español, una tensión que pareció desaparecer repentinamente tras los trágicos atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid y que propiciaron la victoria en las elecciones días después de José Luis Rodríguez Zapatero, quien adoptaría en su política exterior una postura extremadamente permisiva con el régimen de Rabat, especialmente en lo referente al conflicto del Sáhara Occidental, llegando incluso a reconocer, como apuntábamos, la soberanía de Marruecos sobre el territorio.
Arrinconados en una fina franja de desierto interior, fronterizo con Argelia, hoy día los saharauis ven sus anhelos y esperanzas difuminarse en el tiempo, olvidados en campos de refugiados por España y soportando más de treinta años de ocupación marroquí, víctimas de un proceso de limpieza étnica silenciosa y continuada ante la pasividad de la Comunidad Internacional y la complicidad de una España que antaño fuera su patria, una patria que se desentendió de sus hijos adoptivos abandonándolos a su suerte, traicionándolos una y otra vez en una lenta agonía que condena al pueblo saharaui a una desaparición segura, trágica y vil.
 

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